
—Milord.
—¿Sí, Agustín?
—El té.
—Magnífico.
—He oído que la Diputación continúa estudiando el retrato.
—Naturalmente.
—¿Han dicho algo más?
—Solo que todavía no han encontrado el final de la nariz.
—Entiendo.
(Agustín sirve el té con absoluta precisión.)
—¿Azúcar, milord?




