

A la orilla del mar,
allí donde las olas llegan cansadas,
viven la Cigala Mustia
y la Almeja Triste.
Ella está triste
porque él está mustio.
Y él está mustio
porque ella está triste.
Y así sucesivamente.
A veces ella le dice:
—Ay, Cigala mía…
Y él suspira muy bajito.
—No te preocupes, Almeja…
Pero la Almeja se pone todavía más triste.
Y la Cigala, al verla tan triste,
se mustia un poco más.
Las gaviotas, por respeto,
evitan hacer comentarios.
Los pulpos miran hacia otro lado.
Y los peces, educadamente,
fingen que no han visto nada.
Así pasan los días.
A la orilla del mar.
Ella un poco triste.
Él un poco mustio.
Nota del cronista
Los afectados han solicitado discreción.
Y el resto de los detalles…
es mejor no comentarlos.




