Después de tres días de ponencias, cuatro cafés y un número considerable de galletas, el Comité Científico concluye:
nadie sabe exactamente qué son los pitorros;
todo el mundo habla de ellos con absoluta naturalidad;
cualquier intento de definirlos genera nuevas dudas;
la Madre Paciencia recomienda dejarlo estar.
Conclusión oficial:
Los pitorros existen lo suficiente para que todo el mundo los entienda y lo bastante poco para que nadie pueda explicarlos.




