Del uso correcto de las cucharillas que han removido miel
«Con el fin de preservar la convivencia entre las cucharillas, las tazas y las personas excesivamente optimistas.»
Artículo I
Toda cucharilla que haya removido miel disfrutará de un período reglamentario de descanso.
No por necesidad.
Por dignidad.
Artículo II
Queda terminantemente prohibido depositar una cucharilla con miel sobre la mesa diciendo:
«Ahora vuelvo.»
La experiencia demuestra que nadie vuelve nunca en el momento previsto.
Artículo III
La miel posee una extraordinaria capacidad para extenderse hacia lugares donde, objetivamente, no debería llegar.
Este fenómeno continúa siendo objeto de estudio por parte del Instituto de Investigación en Blederiología Aplicada.
Artículo IV
Ninguna cucharilla será considerada sucia.
Será considerada…
afectuosamente pegajosa.
Artículo V
Sor Patata sostiene que lamer discretamente la cucharilla evita desperdicios.
Sor Piedad responde que eso no figura en ningún reglamento.
Sor Patata replica:
«Pues ya figura.»
Artículo VI
Sor Castidad preguntó muy educadamente:
«¿La miel también sabe que es dulce?»
La comunidad acordó que aquella pregunta merecía una tarde entera de reflexión.
Padre Gregorius sigue dándole vueltas.
Artículo VII
En caso de que una cucharilla haya removido miel y, acto seguido, sea utilizada para remover una infusión…
…será necesario preguntarle si estaba preparada emocionalmente para un cambio tan repentino.
Artículo VIII
Queda estrictamente prohibido golpear la cucharilla contra el borde de la taza mientras aún permanezca una gota de miel.
La gota no desaparece.
Simplemente elige otro destino.
Artículo IX
Madre Paciencia recuerda que las cucharillas necesitan muy poco para ser felices:
una taza tranquila,
una infusión caliente,
y que nadie las deje pegadas al platillo durante toda la tarde.
Disposición adicional
Toda cucharilla que haya servido fielmente en una taza de tila con miel…
…tiene derecho a ser lavada con especial delicadeza.
No porque sea imprescindible.
Sino porque se lo ha ganado.
Anexo I
Queda expresamente desaconsejado preguntar a una cucharilla si todavía está pegajosa.
La respuesta suele resultar evidente.
Anexo II
Al finalizar la sesión, Sor Castidad observó en silencio una pequeña gota de miel que brillaba sobre la cucharilla.
Después preguntó muy bajito:
«¿Y si todavía no ha terminado de ser una gota?»
Padre Aurelius dejó la pluma sobre la mesa.
Madre Paciencia sonrió.
Y durante unos instantes…
nadie encontró un motivo lo bastante importante para responder.




