
El maestro Aurelius ya se había retirado.
La biblioteca estaba en silencio.
He regado el helecho de la ventana y he encontrado una hoja seca dentro de un libro que nadie abría desde hacía años.
La he dejado donde estaba.
Las cosas pequeñas también tienen memoria.
No he oído ninguna discusión procedente del Desván.
Si estaban allí, que Dios las bendiga.
Y si no estaban, también.
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— Gregorius, ayudante del maestro cronista




