Posible encuentro entre Allegro y Sor Patata

Allegro llegaría con una bandeja gigantesca de lasaña de nueve pisos, gratinada hasta niveles ofensivos, con tres kilos de Parmigiano y una bechamel que todavía humea.

Y Sor Patata de Lourdes Parruset, con las manos en las mangas y una mirada bondadosa, la observaría durante un momento.

—Hijo mío…

Allegro sonreiría orgulloso.

—¿Sí, hermana?

—Aquí te faltan nabos.

Silencio.

Allegro parpadearía.

—¿Cómo dice?

—Nabos.

—Pero… esto es lasaña.

—Ya lo veo.

—Lleva bechamel.

—También lo veo.

—Lleva Parmigiano.

—Que el Señor te bendiga.

—Está gratinada tres veces.

—Dios es misericordioso.

—¿Pero?

Sor Patata suspiraría.

—Hijo mío… aquí te faltan nabos.

Y desde el fondo del claustro, Sor Piedad de los Dolores Absurdo, que ha escuchado la conversación, asentiría lentamente:

—Unos nabos bien puestos arreglan muchas cosas.

Y aparecería la Madre Superiora Sor Paciencia, que diría:

—No discutáis. Que cada uno honre su camino.

—En el convento, nabos.

—En el castillo, gratinado.

Y Allegro, con lágrimas en los ojos y una mano en el pecho, murmuraría:

—La bechamel, como el Parmigianoooooo…

Y Sor Patata, sonriendo dulcemente, terminaría la frase:

—…está muy bien, hijo mío.

—Pero aquí…

—…te faltan nabos.

Y así, desde hace siglos, se mantiene la frágil pero sagrada paz entre el Castillo de Vallefisgón y el Convento de la Inmaculada Discreción.