Matriarca de las Cebollasuegras

Nadie recuerda haberla visto enfadada.
Tampoco nadie recuerda haberse atrevido a llevarle la contraria.
Cultiva tomates con la misma dedicación con la que cultiva rumores absolutamente inofensivos.
Es capaz de preparar una escudella para veintiocho personas sin levantar la voz ni perder las gafas.
Cuando sus hijas y amigas discuten, solo dice:
—Ay, niñas…
Y milagrosamente todo el mundo se calma.




