—Señor.

—No soy digna de comprender todos vuestros misterios.

—Ni tampoco los de los nabos.

—Pero veo que Sor Patata de Lourdes Parruset y Sor Piedad de los Dolores Absurdos se ríen mucho cuando trabajan en el huerto.

—Y pienso que la alegría también debe de ser un don vuestro.

—Concedednos una cosecha abundante.

—Unos nabos humildes.

—Pero bien proporcionados.

—Y, si es vuestra voluntad, que sean firmes, sanos y de buen corazón.

—Que nadie los desprecie por su tamaño.

—Porque Vos amáis a todas vuestras criaturas.

—Incluso a las más modestas.

(Pausa.)

—Y si mis hermanas vuelven a reírse otra vez…

—Hacedme comprender la gracia.

—Porque todavía no he terminado de verla.

—Pero sé que está ahí.

—Amén.