—También es un don, maestro.
—No sé si es un don o una prueba.
—Quizá un poco de las dos.
—Señor.
—Yo os pedí humildad, caridad y obediencia.
—Nunca os pedí sentido del humor.

—Sor Piedad de los Dolores Absurdos, yo siempre he pensado que las berenjenas lustrosas…
—Ay, Sor Patata de Lourdes Moñoñongo, no me hagáis hablar…
Y Sor Paciencia, cerrando los ojos:
—No, hija mía.
—No os lo estaba pidiendo a vos.
He abandonado toda pretensión de comprender los designios de la Providencia.
Me conformaría con entender a estas dos marranas.
Lo considero altamente improbable.
— Aurelius, cronista de El Desván




