—Estas dos escriben torcido con líneas rectas, Gregorius.

—También es un don, maestro.

—No sé si es un don o una prueba.

—Quizá un poco de las dos.

—Señor.

—Yo os pedí humildad, caridad y obediencia.

—Nunca os pedí sentido del humor.

—Sor Piedad de los Dolores Absurdos, yo siempre he pensado que las berenjenas lustrosas…

—Ay, Sor Patata de Lourdes Moñoñongo, no me hagáis hablar…

Y Sor Paciencia, cerrando los ojos:

—No, hija mía.

—No os lo estaba pidiendo a vos.

He abandonado toda pretensión de comprender los designios de la Providencia.

Me conformaría con entender a estas dos marranas.

Lo considero altamente improbable.

Aurelius, cronista de El Desván