
Una pieza de gran trascendencia cultural, gastronómica y probablemente innecesaria.
Hay momentos en la vida en los que hay que reconocer la grandeza cuando la tenemos delante.
Y aquel día, en El Desván, cuatro semiduendes llegaron a una conclusión trascendental:
el pepino merece una oda.
Balderico Rompebarriles, Fulgencio Revientollas, Roderico Desordenado y
Genís Empinaporrónes se reunieron alrededor del honorable vegetal, debidamente coronado e instalado sobre un cojín de terciopelo.
Levantaron sus jarras.
Respiraron profundamente.
Y comenzaron a cantar.
🎶 «¡Ooooooh, pepino!
¡Señor del huerto!
¡Guardián de la ensalada!
¡Rey de la frescura!» 🎶
Nadie sabe exactamente cómo continuó la canción.
Probablemente porque, a partir de aquel momento, los cuatro estaban bastante contentos.
El pepino, sin embargo, mantuvo la dignidad en todo momento.
Y eso es lo que importa.
🥒 CONCLUSIÓN OFICIAL
Que nadie vuelva a decir que un pepino es solo un pepino.
En El Desván, con una corona, cuatro semiduendes y una cantidad irresponsable de solemnidad…
cualquier vegetal puede convertirse en leyenda. 👑🥒




